PADRE DOMINGO VIERA | Nuestro Homenaje

“PADRE DOMINGO VIERA”
Nuestro Homenaje

Oración de Gratitud a Dios,

 

Y ahora si, el epílogo.

Como no voy a dar gracias a Dios que a lo largo de tantos años me ha colmado de bendiciones y gracias, entre ellas la mayor y más maravillosa, la de haberme hecho participante de su sacerdocio eterno, haciéndome Sacerdote y Ministro suyo en la transmisión de su mensaje de salvación y administrador de su gracia en los Sacramentos!…

…Que tus Santos Ángeles Señor, sean compañeros de caminos de los que están de viaje, para que se vean libres de todo peligro de cuerpo y de alma. Así sea.

Acordémonos también de nuestra Patria y de todo el mundo, sumidos en tanto dolor y angustia, para que alcancen y quieran vivir en paz. Podemos suplicarle con esta sencilla oración:

“Tú que eres el Camino, La Verdad, la Vida;
Tú que todo lo sabes y lo puedes todo;
Que un alma eterna diste a nuestro ingrato lodo
Y amasaste el hierro del martillo que te crucificó…
No mires las miserias, no mires los pecados.
Recuerda solamente que somos desdichados
Y que este barro nuestro te costó la vida.
Escucha nuestro ruego que se une a la plegaria
De tanta madre triste y esposa solitaria;
De tanto niño pálido de contraída faz;
Y abriendo los dos brazos de tu misericordia,
Sobre este mundo mísero de luto y de discordia,
Señor Omnipotente, concédele la PAZ.
Que ASI SEA.-

PADRE DOMINGO VIERA
Notas biográficas – Conmemorando los 100 años de su nacimiento.

Silvano Domingo Viera nació en San Antonio, en las cercanías de Cura Brochero el 15 de julio de 1910.  Hijo de Mariano Viera y de Teresa Campos, fue el menor de ocho, hermanos.

A muy temprana edad sintió la vocación a la vida religiosa y entró al Seminario Menor de Córdoba, donde cursó sus estudios. Se ordenó Sacerdote el 19 de septiembre de 1937, celebrando la primera Misa en su pueblo natal el día 26 del mismo mes, rodeado de parientes, vecinos y amigos.

Su primer destino sacerdotal fue en Santa Rosa de Río Primero, de allí a San Agustín, haciéndose cargo en mayo de 1942.

Después de la muerte del Párroco de Alta Gracia, Presbítero José Buteler en noviembre de 1948, fue designado sucesor de este, como nuevo responsable de la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Alta Gracia. Asumió un 9 de enero de 1949. Era una jurisdicción extensísima, 10.000 km2 y 18 capillas para atender.

Gran admirador del Cura Brochero, dedicó su vida a seguir sus pasos, siendo su prioridad la atención de los más pobres, humildes, los más alejados, los serranos; llevó la palabra de Dios y su atención a los rincones más apartados de las Sierras; por todo esto es que nos ha dejado la imagen de Cura Gaucho, y de ello dan testimonio sus obras, de las que con mucha discreción omitía detalles, pero allí estaban.

Creador del Club El Ateneo, después del Cine El Ateneo; propulsor con la comunidad y la Acción Católica de la creación del Colegio Nacional, luego del Instituto El Obraje. Asimismo intervino con gran compromiso en la Fundación de la Escuela primaria y jardín de infantes San Vicente de Paul de Barrio Córdoba.

En la Parroquia de la Merced, bajo su liderazgo tuvieron cabida todos los movimientos de Iglesia, dando cabida a toda la familia: Acción Católica de hombres, mujeres y jóvenes; movimiento católico de juventudes, Cursillos de Cristiandad, Movimiento Mallín y Eslabones; para los niños se fundó el cuerpo de “Exploradores de San Tarsicio”. Todas estas manifestaciones, que favoreció con gran generosidad, fueron el semillero de dirigentes educativos, sociales, políticos, formadores de líderes, personas comprometidas con el mundo, en su comunidad y en su tiempo.

Trabajó intensamente en el sostenimiento de las capillas existentes y en la construcción de nuevas capillas como la de Fátima en barrio Cámara, la de Buen Pastor en Barrio Córdoba, la de Nuestra Señora de Alta Gracia de Barrio General Bustos que comenzara Buteler y que inaugurara el P. Viera.

Así fue su labor ininterrumpida, incansable durante 36 años. Siempre al servicio fiel de su vocación sacerdotal, haciendo culto de la amistad con apertura y generosidad; respetando las modalidades diferentes de los que estuvieron a su lado, dejando crecer a sus colaboradores; acogiendo a todos y cultivando amigos sin discriminaciones.

En el año 1986 se retira de la Parroquia de la Merced y recibe la capellanía de las Hermanas del Huerto.

Muere en la paz del Señor, acompañado de sus seres queridos, en el silencio y la humildad el 10 de febrero de 2004.

Deja para la posteridad huellas profundas que calarán en la historia de Alta Gracia y alrededores. Huellas de servicio generoso, de vida virtuosa alejada de la solemnidad, mas bien testimonio de sencillez, austeridad, humildad y palabras profundas y simples; picardías, trucos, buen humor.

Padrecito Viera: rodeado de niños que buscan su magia, provocando sonrisas, favoreciendo la cercanía, Hombre de Dios y de su Pueblo.

 

Ver Fotos en: https://picasaweb.google.com/effetaag/201106PadreViera y
en https://picasaweb.google.com/effetaag/201007HomenajePadreViera

 


 

Padre Domingo Viera

Extracto del Libro “Recuerdos”
del Rvdo. Padre DOMINGO VIERA
Por Orlando Sixto Perez

Nació un 15 de julio de 1910, vivía en un paraje llamado San Antonio, 30 km al oeste de Villa Cura Brochero, entre lomadas y llanos. Sus padres fueron Mariano Viera y Teresa Campos, fue el menor de ocho hermanos: Ángel Rafael, Margarita Luisa, Vicente, María Teresa, Filomena, Miguel Horacio, Griselda y él, Domingo.
Decía que siempre había pensado que el Cura Brochero le había alcanzado de Dios la Gracia y la Luz de su vocación religiosa. Y así fue que a los quince años, el 7 de abril de 1926, entró al seminario, y el 18 de septiembre de 1937 se ordenaba sacerdote.
Su primer destino fue como Vicario Cooperador en la Parroquia de Santa Rosa de Río Primero, por extraña casualidad lugar natal de su admirado Cura Gaucho, el 5 de febrero de 1938.

Cuatro años después, el 10 de mayo de 1942, fue designado párroco en San Agustín. Allí fue que su madre que vivía con él, y lo siguió haciendo hasta que murió en 1966, toma a su cuidado a quien sería como su hermano menor: Hugo Ricardo Sánchez, “Neco”, como todos lo conocimos, quien lo acompañó toda su vida.
Siete años estuvo en San Agustín hasta que el 9 de enero de 1949 tomaba posesión de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced en Alta Gracia.

Le tocaba reemplazar a un gigante, el Padre José Buteler, hecho que en alguna medida lo condicionó, ya que era un personaje de una personalidad y potencia intelectual y espiritual tan fuerte que cuando Monseñor Laffite le dijo que lo designaba párroco de Alta Gracia, le hizo exclamar: “¿Y qué voy a hacer yo a Altagracia, donde ha estado un Rey, como el Padre Buteler?” Pregunta a la que el Obispo respondió: “¡con tu sencillez vas a ser igual o más que tus antecesores!”.
Hablar del Padre Viera es hablar de abnegación, desinterés, entrega total. Durante los años de su misión no dejó a un lado a toda persona que lo haya llamado, ya sea de día o de noche siempre acudía.

Su entrega a los demás fue siempre la meta de su vida por lo que, a pesar de tener tanto trabajo en una comunidad tan grande siempre se la arregló para multiplicarse y estar en todos lados.

No solo estaba en las tareas de la Parroquia, nunca dejó de abandonadas a las capillas de las sierras a las que iba a caballo, mula, en su viejo Ford, y hasta a veces a pie. Una faceta de su personalidad a destacar era su simpatía y buen humor permanente, aún ante el dolor y las dificultades mayores.

Sus famosos “cuentos”, que no existe ninguna persona que haya tenido el placer de compartir un rato con él que nos los haya escuchado. Su sonrisa, su palabra de aliento y esperanza siempre con los demás.

Su optimismo aún después de haber soportado muchas intervenciones quirúrgicas que fueron debilitando su salud. Vivió siempre en contacto con la necesidad, con la pobreza, transmitió humildad, alegría, seguridad, siempre bajo el ala de una fe profunda e inquebrantable que no lo dejó caer, ni siquiera tropezar, a pesar de muchas cosas no siempre agradables que le tocaron vivir.
Una vida y una actividad como la del Padre Viera no puede ni debe perderse en el olvido.

Cuando una vida se constituye en un ejemplo digno de ser vivido y de ser emulado, debe ser rescatada por los contemporáneos que tuvieron y tienen la felicidad de disfrutar de ese privilegio y transmitirla a la posteridad para que se multiplique en alimento y ayude a la salvación de los hijos y nietos que vienen detrás nuestro.
Todas las generaciones de altagracienses tienen la obligación moral de recoger su concepto de vida, su sentido de Dios, su visión de hombre, la conciencia de la responsabilidad, el ejemplo de su dignidad y de su moral, su humildad y servicio brindado por amor a Dios y al prójimo…
Los que hacen de su vida historia, aunque jamás hayan tenido esa intención, deben ser conocidos por la posteridad y valorados en el contexto en que desplegaron sus virtudes.
En el final de esta breve reseña de este pequeño gran hombre, transcribo parte de las palabras finales de su autobiografía:
“¡Cómo no voy a dar gracias a Dios que a lo largo de tantos años me ha colmado de bendiciones y gracias, entre ellas la mayor y más maravillosa, la de haberme hecho participante de su sacerdocio eterno, haciéndome Sacerdote y Ministro suyo en la transmisión de su mensaje de salvación y administrador de su gracia en los Sacramentos!”.

Fuente: “Recuerdos del Rvdo. Padre Domingo Viera”, por Orlando Sixto Pérez

CompartirShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on LinkedInPrint this pageEmail this to someone